Auguriando un futuro cercano, el mandatario Venezolano esta condenado al fracaso por la aplicación del utópico socialismo que tiene una historia de puro fracaso por la condena del mismo al capitalismo y a la democracia en pos de la "equidad" social y económica predicada por Karl Marx y aplicada al campo de la realidad por ávidos lectores de propuestas ilusorias que buscan conjurarlas sin ser desmoldadas y sin agregar su propia inventiva y perspectiva realista a las mismas.
A continuación, y sin precedentes en este blog (no espero que haya muchas entradas de este tipo) procedere a dejarlos con un texto redactado por Diego Fernandez Gómez, intelectual colombiano que escribió una columna de opinión en el periódico "El Colombiano" edición de hoy (10 de Enero de 2007) titulada "Poscapitalismo: Chavez y la Nueva Izquierda".
La comparto con quien quiera leerla porque refleja mi opinión y la lleva a un escalón superior, el de la autoreflexión y de la propuesta de soluciones al menos en teoría para otra teoría condenada al fracaso como lo es la política de Izquierda. Espero les parezca tan esclarecedor y positivo como me pareció a mi y otorgue, que es lo que me parecio mas significativo y la razon mas importante por la cual me llamo la atencion el texto y me parece que es merecedor de ser leido, es la perspectiva latinoamericanista y de endo-observación que aplica el autor.
Ya sin mas, los dejo con el texto
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El análisis económico de Carlos Marx revolucionó el pensamiento económico y social y marcó profundamente el desarrollo de la humanidad desde la aparición del Manifiesto Comunista en 1848 hasta la caída del "imperio" soviético en 1990. Su análisis explicaba que la producción de bienes y servicios en la sociedad dependía de dos factores: capital y trabajo (la tierra se incluye en el capital), señalando que la disparidad en las relaciones de poder hacen que las rentas del trabajo se las apropie el tenedor del capital. A ese sistema de producción lo denominó, "El Capitalismo".
De su crítica se derivaron las propuestas comunistas de abolir la propiedad privada con un estado totalitario y también las socialdemócratas de darle una función social a la propiedad y tener un estado de bienestar, regulador y controlador de abusos de poder del capital y que distribuyera la riqueza. Aun las economías más liberales introdujeron y mantienen reformas derivadas de la discusión marxista.
¿Pero qué pasa si la producción no depende sólo de capital y trabajo, sino además del conocimiento, de las capacidades humanas, de la innovación, del emprendimiento? Si esto ocurre, el análisis marxista pierde validez general y capacidad para explicar el desarrollo y la transformación social, quedando sólo como una explicación de los fenómenos de abuso de poder en la relación Capital-Trabajo. Por lo tanto, si es la capacidad el hombre de crear nuevas cosas y organizar esquemas productivos lo que explica la generación de bienestar y con ellos los niveles de bienestar y desarrollo, el análisis estático de relaciones capital trabajo es insuficiente y sobre todo inexacto. Más allá de eso, lo que nos dice es que ya no estamos en un mundo capitalista, indica que estamos en un mundo poscapitalista en el que el capital no es el asunto clave y entramos a la sociedad del conocimiento, de la innovación. Lo que se ha llamado "la tercera ola".
Luego de la revolución agrícola hace seis mil años y de la industrial hace doscientos, desde finales del siglo diecinueve se empezó una nueva fase basada en el conocimiento y el emprendimiento. Los primeros en avizorarla fueron Veblen y Schumpeter a comienzos del siglo veinte. Ambos señalaron que el conocimiento y los emprendedores serían quienes trasformarían la sociedad. Así ocurrió, y los países que aún estamos en el subdesarrollo es porque tenemos déficit de ambos.
La incapacidad de la Unión Soviética de reconocer este fenómeno la llevó a su colapso. Por el contrario, la capacidad de Deng Shiao Ping de reconocerlo es lo que tiene a China en el actual proceso de transformación. En Latinoamérica los viejos mitos, la cultura hacendaria y rentista, la aversión al empresarismo* y la escasa generación de conocimiento luego de la captura de las universidades por el viejo marxismo, nos tiene atrancados y enredados soñando todavía con caudillos populistas que resuelvan los problemas mágicamente. Esta situación ha llevado a paradojas como la de ver a la vieja izquierda unida a los latifundistas e industriales monopolistas luchando contra el TLC y la reforma liberal. La vieja izquierda terminó siendo una nueva derecha.
A todos los de la vieja izquierda, desde Chávez hasta las Farc les está pasando lo que les ocurrió a los soldaditos japoneses que se quedaron en islas deshabitadas del Pacífico sin que nadie les hubiera avisado que la guerra había terminado. Siguen peleando con el capital y en el caso de Chávez, estatizando la propiedad, y no se han enterado que el asunto es la capacidad de aprendizaje y transformación de las capacidades sociales, que generen las dinámicas de inclusión social y equidad. Capital hay bastante disponible. Necesitamos una nueva izquierda, de un socialismo schumpeteriano, empresarista, de pensamiento holista y sistémico, innovador, capaz de creer en la bondad humana y no sólo en la mezquindad precapitalista. Chávez es como si la película se hubiera vuelto atrás cinco décadas.
*En el artículo del lunes 8 de mayo de 2006, Héctor Mejía decía que lo habían insultado diciéndole "empresario".
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