Sin embargo, Klein trajo a la luz el lado "feo" del desarrollo infantil, pues vio en los niños una masa de enojo y de impulsos hostiles para con las madres cuando el infante no conseguía satisfacer sus necesidades. En esencia, el niño cruza constantemente la delgada línea entre el odio y el amor cuando sus necesidades son ignoradas o frustradas. En su trabajo, Klein trató de explicar éste proceso por el cual el infante busca reparar el daño de su hostilidad a su madre. De hecho, los títulos de sus dos obras más significativas "Envidia y Gratitud", y "Amor, Culpa y Enmendamiento" cuentan la historia casi tan bien como los escritos mismos.
Sin embargo, últimamente, las teorías de Klein que influenciaron la teoría de las relaciones objetales, pueden crear una grave disrrupción en la terapia psicoanalítica. No nos meteremos en ésto pues no hace al escrito en sí, pero en suma podemos decir que las relaciones psicoanalíticas necesitan de una figura "parental" envestida en el tratamiento, no una figura "maternal", pues esto puede basar la relación en una díada infantil, haciendo del terapeuta un simple "amigo a sueldo".
Jacques Lacan se dio cuenta de éste error y enseñó que el psicoanálisis debe envolver tres figuras: el cliente, el terapeuta y el inconsciente. Tal como un desarrollo infantil saludable requiere de la figura del padre para cortar de cuajo la ensimismación emocional del niño con la madre, el buen trabajo psicoterapéutico debe dejar que el inconsciente se levante entre el cliente y el terapeuta. Ésto quiere decir que el proceso psicoterapéutico siempre debe involucrar una "paternidad" simbólica, por el cual el cliente es conducido a reconocer y superar las ilusiones de identificación con los otros, y, en el proceso, a curar la agresión y hostilidad que suponen esas identificaciones.
Ésto explica no solo por qué los amigos y los "amantes" no pueden ser cliente y analista; sino también, y más importantemente para nosotros: la delgada línea entre el odio y el amor.
Por más implacentero que sea admitirlo, la sexualidad adulta se basa en su mayoría en las necesidades infantiles de ser recibido, aceptado, y satisfecho. Cuando una persona se siente intensamente recibida, aceptada y satisfecha, entonces "está enamorada". Pero en algún momento, esa intensidad se romperá. Éste rompimiento nisiquiera tiene que ser el resultado de una maligna negación; puede ser simplemente el resultado de una necesidad de atender otras obligaciones en el mundo, y, en la persona siendo intensamente negada, pueden surgir celos intensos. Asi que, mas allá de cómo suceda, cuando no se satisfacen esas necesidades primitivas, entonces el "amor" se transfigura en odio y agresión. Si no me creen, vayan a los juzgados familiares para observar el desagradable proceso del divorcio.
El mundo está lleno de relaciones rotas que comenzaron como un dulce amor y terminaron sumidas en odio y agresión.
Todo ésto nos previene de aceptar relaciones que no nos satisfagan (en consecuencia con los artículos que vienen publicándose), debido a que no es placentero enfrentarnos a dichas consecuencias, siendo las reparaciones imposibles de llevar a cabo si no tenemos la intención de continuar dicha relación.