La mayoría de la gente no se da cuenta, pero la versión común o popular del amor envuelve un sentimiento de "recepción". "Amo el chocolate" realmente significa "Disfruto obtener la experiencia del sabor del chocolate". Similarmente, "Te amo" comúnmente implica "Disfruto tocar tu cuerpo", o "Disfruto creer que me darás algún tipo de seguridad o protección", o "Disfruto tener sexo contigo" (o "Quiero tener sexo contigo"). Como resultado, en sus enseñanzas acerca del amor, Lacan describió el típico acto de amor como una "perversión polimorfa".
Que no los asusten las palabras. Ya saben lo que quiere decir perversión. "Polimorfo" significa simplemente "tener muchas formas". A través de ésto se expresa el cómo se busca el amor siempre en todos los lugares equivocados. Esto es que buscamos satisfacción en todas las varias partes titilantes del cuerpo, pero nunca encontramos lo que buscamos.
Lo que "realmente buscamos" es algo que todos experimentamos como dolorosamente ausente de nuestra vida: algún sentido confortable de pertenencia y aceptación absoluta. Aquellos que tienen suerte, obtienen una sensación de ésto cuando son bebes, bajo la protección de sus padres. Pero el sentimiento es fracturado más de la cuenta por fallos empáticos por parte de los padres, y se pierde enteramente de la experiencia sensitiva ordinaria cuando los niños comienzan a crecer en edad e independencia y se instala la percepción de nuestra esencial mortalidad y soledad humanas.
Lacan señala que mientras que el "amor" - o sea, en su forma común y popular - es, en esencia, un perseguir fútil tras algo que no existe, sin embargo existe un amor detras de éste "hacer el amor", un amor que existe tras las bastedades y limitaciones, y que envuelve un cierto éxtasis del ser, como materia del alma, no del cuerpo. La ironía es que en el común acto de hacer el amor, pensamos que sabemos lo que queremos, pero resulta ser una ilusión, mientras que éste otro amor toca una experiencia real de saber que no queremos nada. Es algo como místico, según reconoce Lacan.
Ahora bien, Lacan no lo pone de ésta forma, pero la diferencia entre éstos dos tipos de amor - el amor "común" y el verdadero amor (o el amor real) - pueden ser concebidos como una diferencia entre dar y recibir.
Nótese bien que el "dar", no se refiere al mero compartir de objetos o riquezas; se refiere a la expresión de profundas cualidades emocionales como la paciencia, mansedumbre, compasión, clemencia, y entendimiento.
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Tan shockeante como pueda parecer, la mayoría de los que clamamos estar "amando", no nos damos desinteresadamente. Por el contrario, estamos dirigiéndonos a un deseo psicológico encubierto de evitar sentirnos abandonados. La aparente generosidad del "amor" común es mas un acto de bravuconería que de amor real. Enfrentemonos con la realidad; no existe el dar sin recibir, sin embargo no estamos hablando aquí de cuestiones meramente materiales. Todos intentamos satisfacer nuestro propio deseo de no sentirnos abandonados, y ¿qué mejor que con alguien que nos haga sentir bienvenidos y que nos otorgue una real comprensión de nuestro ser?. No comparemos el amor real con el amor de algunos famosos por la historia por su "desinterés material", ellos también recibieron: recibieron la satisfacción por medio de la satisfacción del otro. Así, el amor real bien puede estar cubierto de "amor común", siempre y cuando se desvíe de la chabacanería materialista y nos impulse hacia la plenitud del existir. Recuerden que, como menciona el articulo anterior, la auto satisfacción es crucial para alcanzar dicho amor; no existe el querer ayudar a alguien a alcanzar la plenitud si creemos que no podrá devolvernos eso mismo. |
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