Surge como impulso sin plan, el siguiente relato que titule "El Espejo" a ultimo momento:
No era el medio dia ni la media noche, mas bien aquél momento que sabe detenerse en el tiempo antes que un día ya no lo sea, y las manecillas se arrastren pesadamente hacia el precipicio de un nuevo amanecer.
Me encontraba yo vacío de pensamientos, cualquiera podria haberlo notado si hubiera preferido la interacción humana y no el frio de un monitor que empapa mi silueta de un debil blancor. Empostrado en mi cubiculo voluntario, lejos de aquél otro cubiculo que ocupaba por la mayor parte del día, ya comodo para posteriormente sucumbir a mis recuerdos en aquel tercer cubiculo que permite a todos reducir nuestras funciones biológicas al servicio de la fantasía; allí fue donde lo ví.
Por primera vez, nunca antes se había presentado un momento tan revelador y fugaz, tan corporeo e incorporeo a la vez. Recuerdos invadieron mi mente, la silueta presente frente a mí no sabía mas que moverse hacia los lados. Solamente distinguible por el mismo blancor de aquel monitor que ahora consideraba como un cobijo frente a la terrible visión que mis ojos presenciaban. A no mas de un metro, tal vez dos, mi padre observaba desde la polvora de sus ojos la representación de un hijo que nunca creció hasta que para él ya fué demasiado tarde. "Que quieres?" - pregunté atonito. "Juzgarte" -respondió inmutable, y procedió- "Tal vez no fuiste tu quien volcó sobre mi oído la libertad de la ponzoña; mas no dejas de ser quien debe ser lider a falta de uno mejor".
Transformabame, a medida que se sucedían las palabras, en un ser para mi extraño. Mis manos perdían definición y ya no podía continuar escribiendo, retorciendome, pidiendo ayuda con la voz de mi cabeza por lo que procedía frente a los ojos de mi mente. Promesas incumplidas, y nada más. Deseos truncados, y nada más. Novelas reescritas, y nada más. "Caronte, llevame contigo" - atine a decir - "Mas no me quites la vida, salvame de deberte razones; tu no eras yo ni yo era tu, y nunca será así. Tal vez pretendas más de lo que te debes."
Mis manos sudaban con cada palabra -nunca fui bueno para esto- mi lengua entrecortada parecia atiborrarse de otras distintas que expresaban cada una su individualidad, mi garganta se cerraba como la horca que se estira sobre el condenado. La figura se dio la vuelta, palida y radiante, sus jovenes facciones no prestaban atisbos de sentimientos ni al más ávido observador. El mundo dejo de existir cuando su mirada se encontro con la mia; y de repente caí. Ya no había nadie, ni a un metro ni más. La soledad inexplicable que invadió mi corazón apenas puedo, querido lector, plasmarla confesando el desierto que expectoraba mi garganta.
Miraba entonces al vacio de la oscuridad, las paredes se cerraban sobre mí, y la blanquecina luz seguia alli, bañando mi silueta con la misma frialdad. Un destello de esos que con frecuencia ocurren sobre las superficies vidriadas me permitio ver mi contorno y el palido brillo de mis propios ojos. "Que quieres?" - pregunté atonito.
R.I.P. Papá 14/12/2007
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