Ésto sólo lleva al arrepentimiento. Al deseo de que los pensamientos sean otros, distintos, y que ciertamente no inmiscuyan a nadie que no deba profundos lazos para con ellos. E incluso así, siendo éste un medio público, ¿a quién demonios podría interesarle? Y más allá: ¿A quién me interesa que le interese?.
Por otro lado, es un proceder francamente ridículo; pues con veracidad, la inclemencia cognitiva personal es un faro guía para cualquier tipo de texto. Cualquiera que conozca al autor de cierto texto, entenderá por qué dice lo que dice y por qué esboza lo que esboza, muchas veces mas allá de la incrédula interpretación de los terceros.
Verdaderamente, de ésta forma se han escrito grandes obras literarias.
Pues bien, debo declararme culpable. A pesar de mis latentes y siempre renovados deseos de ver progresar a la humanidad, de querer hacer lo posible desde éste punto en el mapa que es mi existencia y que se extiende invisiblemente en los lazos de mis más allegados, para que ésta minúscula esfera en la que nosotros, microscópicos organismos podamos deshacernos de cierta ilusión macroscópica y observemos con detenimiento nuestras entrañas para, tal vez utópicamente, llegar a una existencia pura y superior a la que establecemos en la actualidad; no por avances tecnocráticos sino por hacer fondo con la "insoportable levedad del ser", que a partir del mismo fondeo no sería leve ni insoportable; a pesar de todo éste mi optimismo personal, no puedo evitar que mi amor sea una infección.
Como tal, rasga, insistentemente, la carne base de la existencia y forma un lento absceso purulento, donde el pus concentrado tiene el color de la existencia humana. Médicamente, un absceso es doloroso y disgusta a la vista; he aquí otros puntos de comparación con dicha herida. La misma se conforma mediante el dolor, sufrimiento, y una indescriptible repulsión y fealdad que apartan al herido de las miradas públicas.
No se necesita una cueva, ni un águila y una serpiente, para ser un eremita de la existencia. Es misma la soledad que hace tan soportable como insoportable al ser propio, y no la levedad. La levedad propia procede de la vida en ignorancia, y como tal, cualquier opa ignora su incapacidad de superarse a si mismo, de conocerse a si mismo, y de su infinita desgracia; y como tal, es feliz.
La levedad, por lo tanto, es tan soportable como disfrutable. Es el ser pesado que se hunde como yunque en el oceano, quien es insoportable. Pues se da cuenta de la levedad de los demás y de su propia pesadez. El mar monologa al yunque: "Dejo te hundas en mis profundidades, lejos de las gaviotas, y no estarás solo, pues hasta el fondo te rodearé; sin embargo existirás en tinieblas, y serás simplemente un brillante y enigmático punto para quien te mire desde la superficie".
De la herida brota pus y sangre, una vez rota, explota ella por su propia incontinencia; y el absceso se limpia con alcohol, el cual produce un irritante ardor pero que se soporta através de un dejo de placer que otorga el dolor.
Y así existirá, imposible de cauterizar, hasta que vuelva a llenarse de desprecio creador, lastima y amor truncado.
2 comments:
hola! vengo a aportar mi granito de subjetividad(?) groso lo que escribiste,sobretodo las metaforas,lo que mas me quedo resonando fue lo que el Mar le dice al yunque, y los dos aspectos de la soledad, lo del ermitanio de la existencia*te debo la enie jaja/ me parece muy copado, incluyendo la forma de redactarlo... cuando sea grande(?)quiero poder escribir algo de esa forma... si expresara en palabras mis abscesos misantropicos,se limitarian a puteadas iorescas jajaja/aguante Kandinsky, salud(?)
jaja gracias euje, no habia visto tu comentario hasta hoy (?)
asi q despues cuando te vea me recuerdo, escribiendo esto por supollo, y te agradezco "en persona" (?)
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