Saturday, December 26, 2009

Estrella


Fulgurante en el oscuro cielo ví una estrella tan resplandeciente como nunca antes había visto. Por fin, mis noches de noctámbulo habían cobrado fruto; observar el cielo no había sido en vano. Rapidamente tomé los papeles del escritorio y me dispuse a escribir la trayectoria del astro: sus componentes eran un misterio. Apresuré a describir su estela mientras mi mirada alternaba ansiosamente entre el papel y la estrella.

Depronto noté que detuvo su marcha y alternó su curso; "descendiente" - anoté y borré a la brevedad - "oblicuo; ¡claro!" pensé. Depronto se perdió en el infinito... Miré mi telescopio con desdén; la descascarada baratija no podía seguir una supernova nisiquiera si estuviera sucediendo enfrente de él. Pensé en rendirme cuando noté la resplandeciente energía brillando en mi estudio; rapidamente entré en juicio y entendí que mi ventana se encuentra observando hacia el este, por lo que la Luna aún no podía estar emitiendo semejante luminosidad por mi rendija. Opté por voltearme y la ví.

Su brillo me encandiló y tardé en recuperarme, froté mis ojos y una vez que estos supieron acostumbrarse a la luz radiante observé su diminuto cuerpo ingresar por los recovecos de los vidrios abiertos de mi escondrijo. Fruncí mi ceño y me acerqué para descubrir que había sido engañado. La estrella aún se encontraba en el firmamento; pero era su luz la que iluminaba mis ropas, de eso no había duda. Estaba exhausto, no había dormido en dos días intentando hayar un nuevo coloso en Orión, ya sospechando que había sido otra de esas patrañas pseudocientíficas que tanto pululan entre los astrónomos estos días, pero por orgullo quise avalanzarme sobre su descubrimiento, aún no era un personaje de renombre y eso podía ganarme los créditos necesarios.

Desilusionado y exhausto decidí dormir. Hice a un lado el planisferio celeste que tapaba un camastro improvisado debajo de la mesa de planificación y rastreamiento. Ya eran dos meses soportando el frío del estudio, desde que mi arrendatario no quiso saber mas nada con mi experimentación teleológica personal - por darle un grado de cientificidad a todas esas mujeres que pasaron por mi no tan frío departamento. La relevancia de aquellos hechos es discutida aún por mi conciencia.

Y así vi el día nuevamente; me levanté con cuidado, pero mi craneo resonó contra la madera barata del escritorio; maldiciendo a todo el Olimpo salí de abajo de la mesa para comenzar mi día. Primero prepararía un cafe y luego ordenaría aquel telescopio catadióptrico que necesitaba para continuar mi investigación; aún si nadie estaba dispuesto a proporcionarme los fondos.

La noche vino anticipada; no la esperaba, pues me pasé el día discutiendo al teléfono con la compañía de instrumentos de astronomía primero y luego con los amables servidores del Servicio Postal. Mi oreja derecha se apreciaba roja y se sentía latente como si tuviera vida propia... no podía sacarme la sensación del tubo del telefono presionado contra mi mentón; mi paciencia se desvanecía.

Descansé y troné los huesos de mis manos antes de abrir la ventana del estudio; al hacerlo, caí de espaldas. No podía ver; un halo blanco titilaba y latía en mi campo visual... sobre mis manos centelleaban partículas de colores... nuevamente tuve que frotarme la vista y al abrir los ojos la observé mas cerca. Allí estaba ella, mi estrella, cada vez mas alejada del firmamento y mas resplandeciente a mis ojos.

Un velo de desconfianza me cubrió. "¿Como nadie la ha descubierto aún?" - pensé mientras hurgaba entre la correspondencia por los boletines de divulgación inmediata del Consejo de Astronomía... pero fue en vano. Nisiquiera la Internet hacía mención del cuerpo de luz en ese cuadrante del espacio. No había otras estrellas a su alrededor.

Froté mi aspera y descuidada barba de varios días al comprender la oportunidad que se presentaba. Busqué las notas que había tomado y al encontrarlas decidí hacer un reporte exhaustivo respecto al nuevo fenómeno.

Dos horas pasaron y tres lineas llevaba mi reporte. No había forma fehaciente de describir a la estrella, su redondez, su completud, su estructura, su masa, su consistencia, su condensación; nada era claro, sus características escapaban a mi razón. Decidí contemplarla y a eso me dediqué, me senté sin telescopio sobre una silla sobrante; mi espalda se resintió.

Pasé horas observandola, su luz proporcionaba calor y mi imaginación supo darle ojos de luz que penetraban mi alma, sentí recelo del cielo que podía tocarla, sentí envidia de los cuerpos celestes mas cercanos y decidí guardarla para mí. "Será mi estrella" - pensé - " y su luz mi compañía; aunque nadie la vea, aunque su fulgor opaque los cuerpos celestes a su alrededor". Su nombre será Ro Iota Alfa.

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